Opinión: ¿Vas a enseñar a tus hijos a nadar este verano? No utilices flotadores

En la comunidad de prevención de ahogamientos, nos da miedo oír la otra palabra que empieza con F: flotadores. Estos dispositivos aparentemente inofensivos dan a los padres responsables una falsa sensación de seguridad, al suponer que los inflables mantendrán a sus hijos a salvo y les ayudarán a aprender a nadar. Pero en la práctica, el uso constante de flotadores aumenta los riesgos de ahogamiento accidental.

Ahora que las muertes por ahogamiento en Estados Unidos están aumentando por primera vez en décadas, es necesario abordar el contribuyente silencioso a la crisis de ahogamiento infantil en ese país.

A los niños (y a los padres) les encantan los flotadores porque les permiten entrar y navegar en el agua sin ayuda directa. Como prueba de ello, basta pensar en el ejército de niños pequeños equipados con flotadores que se lanzan sin miedo a la parte profunda de las piscinas locales, a menudo a pesar de no saber nadar.

Los problemas con esta escena de verano tan común son dobles.

En primer lugar, los flotadores crean una falsa sensación de seguridad para los niños y sus padres. Los niños que utilizan regularmente los dispositivos de flotación pueden caer en la peligrosa ilusión de que saben nadar. Mientras tanto, los cuidadores suponen erróneamente que sus hijos están seguros y requieren menos supervisión.

En segundo lugar, en lugar de flotar horizontalmente, los brazaletes inflables colocan a los niños en una posición vertical conocida en el mundo de la seguridad acuática como la “posición de ahogamiento”. Para ilustrarlo, volvamos a ver a nuestro niño que salta como una bala de cañón. Después de saltar a la piscina, su cabeza se sumergirá brevemente bajo el agua antes de volver a emerger a la superficie. Luego usará sus piernas para mantenerse a flote en el agua, probablemente en un movimiento de “subir escaleras”.

Si eliminamos los flotadores de la ecuación, esta orientación vertical lo enviaría rápidamente al fondo de la piscina. El movimiento correspondiente de sus piernas solo aceleraría el proceso y le impediría ascender.

En conjunto, la combinación de falsa confianza y memoria muscular puede ser catastrófica, si no fatal.

En algunos casos trágicos, un niño acostumbrado a usar flotadores cae accidentalmente en una masa de agua y automáticamente asume su posición habitual de ahogamiento, sin saber cómo nadar hasta la superficie. En otros, un niño sin supervisión, que confía en su habilidad para nadar, se lanza a una piscina sin flotadores.

La evidencia anecdótica sugiere que esta dependencia excesiva de los flotadores es un factor significativo en la crisis de ahogamientos infantiles, que sigue siendo la principal causa de muerte en niños de 1 a 4 años. Los peligros de los flotadores son lo suficientemente generalizados como para ser de conocimiento común entre los instructores de natación y los defensores de la prevención de ahogamientos.

Al igual que los niños, los padres no pueden permitirse una falsa sensación de seguridad: nueve de cada diez muertes por ahogamiento ocurren cuando un cuidador supervisa pero no presta atención. El ahogamiento puede ocurrir de manera rápida y silenciosa en cuestión de segundos, aproximadamente el tiempo que se tarda en enviar un mensaje de texto rápido o en hojear la página de una revista.

Un informe de mayo de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades mostró un aumento general en las muertes por ahogamiento en Estados Unidos después de décadas de disminución, incluido un aumento de casi el 30% entre los niños de 1 a 4 años.

Los hallazgos son un recordatorio aleccionador de que podemos —y debemos— hacer más por nuestros niños.